Las centrales eléctricas, especialmente las de carbón, se consideran desde hace tiempo uno de los principales contaminantes del medio ambiente. Y aunque el nivel de contaminación que provocan se ha reducido mucho gracias a la instalación de desulfuración y diversos filtros, siguen emitiendo muchas sustancias al aire, sobre todo gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono. Éste se acumula en la atmósfera y contribuye de forma significativa al cambio climático global. No es de extrañar, pues, que se busquen otras formas más ecológicas de generar electricidad.Una de las más mencionadas son las llamadas fuentes de energía renovables. Se trata de centrales solares, eólicas o hidroeléctricas. En varios países se prevé incluso que en un futuro relativamente próximo la gran mayoría de la electricidad proceda de este tipo de centrales. Sin embargo, la cuestión es hasta qué punto podemos confiar en estas fuentes.Ciertamente, es cierto que, a diferencia del carbón, éstas son esencialmente inagotables desde el punto de vista humano: el sol seguirá brillando durante otros 500 millones de años aproximadamente, al igual que el viento y el ciclo del agua. Se podría decir que no hay razón para no utilizarlos. Pero el problema es que, aunque estos recursos son estables, también son impredecibles. Con el carbón, por ejemplo, podemos determinar exactamente cuánto quemaremos en un momento dado. Pero no podemos decirle al viento con qué fuerza soplar.Esto, irónicamente, se está convirtiendo en un problema cada vez mayor, precisamente a la vista del cambio climático global. Las condiciones meteorológicas son cada vez más extremas. Por supuesto, las centrales eléctricas que utilizan fuentes renovables necesitan un suministro constante; las hidroeléctricas, por ejemplo, requieren un caudal constante, mientras que estos cambios hacen que los cauces de los ríos estén casi secos en verano, mientras que las inundaciones se producen en primavera u otoño. Que ninguna de estas situaciones es ideal probablemente no hace falta decirlo.Por lo tanto, desgraciadamente está claro que no es una buena idea construir una red eléctrica únicamente con fuentes renovables. Hoy en día, sencillamente no podemos prescindir de las convencionales si queremos un suministro constante de electricidad, y no podemos imaginarnos la vida sin ellas.